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martes, 3 de abril de 2012

¿En Manos De Trastornados?

Por: German Retana

"Si me permito sentir preocupación, miedo o tristeza, me sentiré agitado e infeliz y la atmósfera alrededor mío se alimentará de sentimientos similares. ¿Cómo puede eso ayudarme a mí o a los demás?" Esta afirmación de Dadi Janki ayuda a comprender cómo las personas construyen o no, un ambiente de trabajo saludable ante esas tres emociones.

Las preocupaciones trastornan estados de ánimo porque atrapan a las personas en situaciones pasadas no superadas, o en ansiedades sobre el futuro. Se originan en la incertidumbre o el negativismo sobre lo que puede ocurrir y en la creencia de ser débiles para superar las adversidades. La rigidez de pensamiento crea una sensación de peligro, cuando frente a exigencias de cambio se reacciona con indiferencia, agresión hacia los transformadores o evasión de la realidad que incomoda. La preocupación inunda la mente, perturba las relaciones, resta serenidad para discernir y es contagiosa.

El miedo, por su parte, nace en la falta de entendimiento o aceptación hacia un hecho real o imaginario. Quien teme a los demás se teme a sí mismo, pues se conoce poco y duda de su capacidad, ecuanimidad o fortaleza. De lo contrario, ¿por qué temer?  Observe a alguien de muy mal carácter, ¿verdad que parece estar enemistado con él mismo porque ni siquiera se acepta¡ O sea, se tiene miedo. El temor conduce a la agresividad como autoprotección, drenando energía, paz interior y confianza.

En exceso, este sentimiento convierte a alguien en un peligro para sí mismo y para los demás. Pese a la inestabilidad que causa la tristeza, algunos son adictos a ella. Proviene de la incomprensión de situaciones externas, por ejemplo la decepción por la actuación de otros hacia nuestra persona. Entre más débiles son los valores, la inteligencia emocional y la autoestima, más vulnerable se es a la influencia exterior. La arrogancia y el ego abultado despiertan la susceptibilidad ante las acciones recibidas de los demás. Si éstas no nos agradan, nos causan tristeza; pero entonces, seamos sensatos:

¿Quién da el primer paso para dejar el terreno fértil a ese sentimiento de melancolía? El dolor humano es natural, pero el desasosiego crónico trastorna la felicidad propia y la del equipo de trabajo.

No existe un solo ser humano que no padezca estos tres sentimientos. Todos los días se presentan situaciones que los estimulan. La gran tarea es preparar la mente para responder con fortaleza. La estabilidad, la ecuanimidad y el buen discernimiento ante esas realidades externas crecerán en la medida en que pongamos más atención a nuestra realidad interior. El autocontrol facilita el control ilimitado de la libertad y de responsabilidad de forjar una mente en paz. Aumentar los minutos de reflexión sobre nuestras emociones, tomar conciencia y observar cómo pensamos son buenos pasos para alcanzar la disciplina de regir nuestro destino. Así podremos evadir caer en manos de nuestros propios trastornos.



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